Mujeres que viajan solas: prejuicios vs realidad
Hace más o menos un año, yo (Amy Baker) decidí viajar sola a Sudamérica. Nada más saber la noticia, mi familia, mis compañeros de trabajo, mis amigos y otros menos conocidos pusieron el grito en el cielo lamentando mi decisión y casi me suplicaron que reconsiderase la posibilidad de viajar a un destino más seguro. Parecía que daban por sentado que los viajes en solitario no eran algo apropiado para una mujer. A continuación te cuento cuál es la verdadera realidad para que tengas algo en lo que basar tus decisiones y no dejarte llevar por el pánico de tus allegados más cercanos…

PREJUICIO: Vas a estar sola
REALIDAD: no, no lo vas a estar. Estarás bien. Dedicar tiempo a estar con una misma es sano, y cualquier mujer es perfectamente capaz de estar sola sin quedarse encerrada en su habitación muerta de miedo. Si decides irte, conocerás a mucha gente por ahí con la que pasar un buen rato (y también habrá otros con los que pienses: “¿sabes qué? Hoy estoy mejor a mi aire”). Lo importante es que nadie te obliga a estar sola: puedes hacer amistad en una parada de autobús, en un restaurante, en una habitación compartida y en cualquier parte. Y es que viajar te enseña, además de a divertirte muchísimo mientras exploras el mundo, a ser selectiva a la hora de decidir con quién quieres compartir una cerveza o una tarde entera. Estar solo es mucho mejor que irte de viaje con alguien que ni te va ni te viene por el simple hecho de ir acompañada. Es más, cuando empieces a echar de menos la compañía, solo tienes que volver a tu hostel, pedirte una cerveza y, cuando te des cuenta, tendrás a cuatro o cinco personas sentadas a tu lado.

PREJUICIO: No sabes a dónde vas
REALIDAD: ¿Pero de verdad alguna vez sabemos a dónde vamos? De acuerdo, no pretendía hacer una pregunta tan profunda. Tener las nociones básicas para interpretar un mapa es una habilidad necesaria para moverte por cualquier ciudad o pueblo en el que te encuentres. Y sí, está muy bien saber distinguir dónde está el Norte y dónde está el Sur, ¿pero pasa algo si te equivocas? Pues claro que no. Para empezar, muchas mujeres se sienten orgullosas de su gran habilidad a la hora de interpretar un mapa y en ningún caso se ha demostrado científicamente que seamos malas en ello. Y es que muchas poseen también esa cualidad innata llamada orientación, que les ha permitido moverse por la vida con éxito y sin acabar deambulando por arenas movedizas… El hecho de estar en otro país no va a hacer que tires la toalla de repente. Ahora bien, si eres de las que solo le echa un vistazo rápido al mapa (como yo) y luego escoge el camino que parece más interesante, ¡sigue así! Está bien que conozcas el terreno en el que te mueves, pero la realidad es que has venido a explorar y ver lugares nuevos. Perderse puede ser mucho más interesante que seguir la ruta habitual. Así descubrí, por ejemplo, el poco conocido Distrito de las Papelerías de Lima (¡estuve utilizando post-it peruanos durante días!)

PREJUICIO: Vas a estar en peligro de muerte a todas horas
REALIDAD: ¡Ahí va un spoiler! Si decides dejar de ser como un gato asustadizo que se preocupa por todos los imprevistos que pueden surgir en un viaje y sales a descubrir el mundo, verás que en realidad es un lugar maravilloso. Es cierto que debes mantener tus cinco sentidos siempre alerta y no pasearte por las calles de un lugar desconocido en plena noche, ¿pero acaso harías eso en tu propia ciudad? No lo creo. Sólo porque seas una mujer y vayas sola a tu aire, no significa que todo el mundo vaya a hacerte daño. De hecho mucha gente se prestó a ayudarme mucho más por este motivo. Por ejemplo, cuando dejé atrás la frontera de Chile una anciana se pasó todo el viaje hasta la primera parada acariciándome el pelo sólo porque le dije que estaba viajando sola. Debía de pensar que estaba falta de amor maternal o algo así, y la verdad es que estaba en lo cierto. En otra ocasión, durante otro viaje en autobús por Ecuador, una mujer estuvo diciéndome cada cinco minutos que era muy “fuerte” mientras me agarraba de la mano; y también recuerdo la amabilidad con que unos desconocidos compartieron su manta conmigo durante un frío viaje en autobús por Bolivia o las risas de asombro al ver mis brazos tan blancos y peludos. Lo que todos ellos me transmitieron fue cualquier cosa menos maldad. A ver, obviamente no puedes pensar que todo el mundo que anda por ahí quiere comprarte comida, prestarte dinero o darte un abrazo (no estamos en los mundos de Yuppi), pero no dejes que tu desconfianza se vuelva enfermiza. La mayoría de la gente es buena.

PREJUICIO: Las mujeres son incapaces de dormir en un sitio barato
REALIDAD: ¡Qué alegría tan grande cuando encuentras ese lugar donde dormir que te cuesta lo mismo que un perrito caliente! Y no, no es una satisfacción exclusiva de los hombres. Me encantan los chollos, así que tan pronto me encierro en mi habitación, si hay algún sistema de ventilación (ya sea aire acondicionado, un ventilador o la suave brisa de la tarde) me caigo rendida. Las mujeres que van de mochileras no necesitan hoteles de lujo con secador y plancha incluidos. Para empezar, los pantalones cortos no hace falta plancharlos y el secador es algo totalmente prescindible en la mayoría de lugares a nivel del mar en Sudamérica. ¿Que te quieres secar el pelo? Sal fuera 12 segundos y listo.
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